Sudar en cada poro tuyo, y suspirar
como las garrapatas cuando me encuentro a gatas por tu ombligo.
Busco la forma de definir un beso sobre
tu espalda y descarto cada verso a la papelera porque carecen de
sentido.
Mío, mío, mío.
En puro estado posesivo.
Tengo las noches guardadas para
trenzarlas sobre un absurdo destino.
Clavar cada sonrisa sobre un corcho
desgastado y después enloquecer para tenerte a mi lado.
Tenemos el aire contenido entre las
costillas, esperando a sacarnos los bufidos mientras un rock cariñoso
se bate cada mañana al vestirme.