Seguidores

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Si eres piedra da igual, yo seré pedregoso camino.

Sudar en cada poro tuyo, y suspirar como las garrapatas cuando me encuentro a gatas por tu ombligo.
Busco la forma de definir un beso sobre tu espalda y descarto cada verso a la papelera porque carecen de sentido.

Mío, mío, mío. En puro estado posesivo.
Tengo las noches guardadas para trenzarlas sobre un absurdo destino.

Clavar cada sonrisa sobre un corcho desgastado y después enloquecer para tenerte a mi lado.
Tenemos el aire contenido entre las costillas, esperando a sacarnos los bufidos mientras un rock cariñoso se bate cada mañana al vestirme.


martes, 23 de julio de 2013

Que a ver si no podía hacerle yo una cenefa a besos.

Del sudor pegado en las pestañas y la respiración entrecortada entre los versos torcidos sobre la puerta de un baño.

Nina se balancea mientras hace jadear las horas bajo el vientre con sus dedos.
Se susurra a Proust entre silbidos y los azulejos giran entumecidos en busca del tiempo perdido al vislumbrar el agitado sube y baja del pecho de Nina.

Su apretado corazón no deja espacio para detenerse a latir y sólo el cenicero sabe los huecos que le quedan por zurcir.
Bajo el trasluz de un coñac a veces la puedes encontrar.

Un ligero parpadeo y Nina se ajusta el botón del pantalón.
Agita su melena azabache frente al espejo alicatado y sonríe tintando de rojo.

Después se sienta en el café, remoja una magdalena en una taza de té pero no consigue recordar...

martes, 25 de junio de 2013

Maldiciendo la altura de la libertad.

Tengo demasiados abriles enquistados a la piel, demasiados recuerdos en forma de costra que  sanan a finales de Junio.
Mi demencia se agazapa debajo de la cama de la vida  para arrebatarla algún que otro gramo de cordura. Las noches de paseos atormentados por mi mente me conducen al más absoluto desespere encarnado en viejos poetas y recursos literarios.
Y es esta escritura desmecanizada  la que deja paso a un sinfín de angustias que no cesan de clavarse en mi alma. Bestias del pasado que se enjaulan en mi pecho, Uvas de la ira que se pudren entre mis manos y noches que vuelven montadas en un DeLorean para recordarme todas y cada uno de las días en los que apenas conseguía llegar viva al amanecer.

  

lunes, 3 de junio de 2013

Tal vez me acorrale la vida y me folle la suerte.


Sobre la lengua entumecida, descansan los versos vacíos que se retorcían como lombrices al no encontrar otra boca torpe a la que aferrarse.
Al borde de un café derramado
se acuclilla para clavar las rodillas sobre el frío mármol y evoca las maneras de perder las bragas vislumbrando la mañana entre sus cortinas.

Iris coge aire, respira, inhala, aspira, jadea, resolla y bufa mientras araña las paredes para escapar del cielo que la abraza. 
Con un poco de tacto y una mezcla de brusca dulzura, encuentra amores viejos descosidos a dentelladas, que guardan bajo ojos de camaleón, el lamer de las madrugadas.

Guarda en la retina, su rostro crispado, su espalda doblada al gemir entre dos líneas torcidas de Henry Miller.
A cada cigarro no fumado, un sorbo alquitranado y aún no se ha calmado.

Se pide todas las tormentas. 
Y matar el romanticismo a base de un blues desordenado.
Deja escurrir la cerveza entre sus piernas mientras se incendian los sueños bajo un gemido ahogado espantando las buenas noches cuando se echa el pestillo.



domingo, 21 de abril de 2013

Sudo tinta cuando a ti se te calienta.


Una Edith Piaf que se pierda en los 80´s.

La Pipa que llena la habitación de humo y nos obliga a tocarnos a tientas.
La ropa sucia como alfombra y una tibia mirada que se torna de placer al caer desnuda entre unos brazos.

Se escucha la lluvia caer, pero nuestros cuerpos ya están
mojados.

Hace tiempo que dejaste todo esto tan vacío que a menudo me araño para destripar todas estas realidades.
He empezado a envenenarme, y cada golpe más certero me vuelve más masoca.
Las mañanas se disipan en un turbio café,
y las noches se disuelven en chupitos de ron miel
para que los viejos versos verdes mal doblados encuentren donde enloquecer.

Tengo el querer mal formado, algo abominable debe de haber ahí dentro para que no sepa como hacer.
Dame goma de mascar, que tanta lengua me cansa, e insaciable de mí, vuelvo a estrellarme contra tus labios.
Los recovecos de tu piel.
La sonrisa torcida, los pequeños gestos de dudas.

lunes, 8 de abril de 2013

La sonrisa despeinada de ir en contra de los vientos.


Me han vuelto a susurrar, y aunque ya no me asusto se guardan cinco escalofríos en mi espalda.
No sé como desaparecerme, pero me quedo quieta porque no sé como actuar. 
Me vuelvo a buscar, pero no sé donde excavar. 
Resulta tan horrible, el humo ahoga mis pulmones en un ataque nervioso.
Prefiero esperarte en mi cama.

La forma de roncarte hasta que se me parta el alma, que mis latidos están esparcidos, y no sé, ¿qué no sé nada?
Me quito la filosofía, y la ropa. Chasco los dedos y este estúpido juego no funciona.

Llegan las hadas, aunque algún que otro las confundió con garrapatas.
Las dejo acurrucarse, cada lametazo de ellas me aleja un poco de este infierno. Las dejo mimar esta locura, les explico que no tiene cura y ellas rezan como idiotas.

El vino corre por mis venas como la sangre, de hecho ya no sé diferenciar una cosa de la otra.
Estos relojes torturan. ¡Qué alguien los haga correr!
Por favor, una copa para el caballero de al fondo, y un doble pestañeo que se enquista bajo su pantalón.

No encuentro la manera de partir este corazón.

domingo, 24 de marzo de 2013

Pa que no corra ni el aire entre tú y yo.


Es un miedo que se convierte en mariposas en el estómago.
En cosquillas en las palmas de las manos, en la planta de los pies.
Es un miedo disfrazado de necesidad, lo tengo cada vez que no estás.
Que si caigo será en forma de poema y entonces habrá valido la pena.
Guardo a Betty como un tesoro, aunque sus ojos me suplican que no lo haga pero a tozuda ella no me gana.

Vuelven las libélulas y siento el aleteo detrás de mi oreja que nos advierte de manera retorcida que el sol nos quiere pillar.
Que si nos acercamos demasiado nos puede, nos va a quemar.
Tentar a la suerte bajo tu ropa, si sale mal me queda tu boca.
Quítame más horas de sueño, esa absurda forma de intentar guardarte bajo los párpados
Que cuando descubra cicatrices, quiero que me hagan tiritar y tiritas encima para que tarden en curar.

lunes, 11 de marzo de 2013

Ganas de abrazarme a la sinrazón.


Un mono con arlequín se balancea sobre una pelota mientras sujeta una botella de ron añejo a sus espaldas.
El trapecista se sostiene sobre el aire que un pequeño ratón le da al exhalar su último aliento.
Acordes sin melodía, un público repleto de gusanos que se retuercen entre ellos y se mordisquean para obtener un mejor sitio.
Payasos que bailan sobre el agua que una nube deja caer a su paso.
Que sacan más lágrimas que sonrisas, que asustan con espeluznantes muecas y retuercen a uno los intestinos sin ni darse cuenta.
Una bailarina que danza delante de un viejo león que se relame mientras planea como arrancar el tutú y morder algo de carne.
Y la caja de Pandora, donde la esperanza quizá sea lo que más te pueda asustar.

 Son tantas cosas que ni siquiera las vas a poder imaginar.
Acerca la cara a una pecera llena de pirañas y convéncete de que te vas a tirar.
Te late el corazón como si fuera a estallar, cuando en realidad eso es algo imposible, ¡ni que te fuera a pasar!
Me voy a fumar un cigarro, y después otro. Y si me sube la tensión, tres tragos para que no se me olvide dejarte de lado.
De todas formas, ellos ya te lo dijeron, “The show must go on”.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Donde las miradas tienen ganas...



Bastaba mirarle las medias para ver que era una estrella estrellada.
Sobre sus labios ceniza de los restos de los últimos recuerdos.
En su espalda se tatúa el invierno mientras va pasando la primavera.
Se salvan los duendes entre su pelo cuando sacude la almohada.

París al fondo de su pupila, y tras alguna que otra canción de vértigo, un enrarecido paseo a lo largo del Sena.
Sirenas que devoraban peces, una Eiffel que se derrumbaba, una magia catastrófica que parecía que en seguida todo fuera a desvanecerse.

Pero Lady Drama sujetó tu calma. Suspiró y al dar la vuelta la encontraste sobre tu cama.
Aplastaba su cuerpo junto al tuyo, para poder respirar, o eso decía.

Maldita fragilidad que se sostenía sola en el aire de la habitación. Los 80´s se contenían entre las paredes al ritmo de un poco de rock de madrugada.
Luego, de repente dolía lo efímero.

El sabor del gin-tonic en Le Soufflot Cafe, se volvió devastador cuando sólo quedaban polvos de estrella.
Pero es el desencanto de La Ciudad del Amor, y sólo podrás considerarlo si tropiezas de nuevo con Amelié y medio poema de Baudelaire.

lunes, 11 de febrero de 2013

Y por mis muertos, que tu no amaneces conmigo.

Está bien. Tengo un dilema.
 Algo que divide mi corazón en dos, en sentido figurado por supuesto. Y, ya que vosotros, mis queridos lectores, sois los que soportáis cada uno de mis descalabros, podeís apuntar uno más a mi extensa lista.

El amor. Auuuuuch!
No sé si dejarlo. Y mirar que estoy enamorada del amor, pero no es correspondido.
¡Malditos platónicos de platino!
El caso es, que le tengo un poco distorsionado y no sé si he de renunciar a la nariz roja por el frío y el beso de esquimal, a café para dos, a cepillo de dientes...
Ahora me dice que voy demasiado deprisa. Que pare de pensar, pero
¿qué hago?

Ñamñamñam. Las migas de chocolate caen sobre mis piernas creando nuevos lunares.
Hotel California, y pierdo un botón. Bizqueo al sostenerte la mirada en un intento de fingir que mantengo el control.

Joder, te juro que si enloquezco esta vez es por pura necesidad.
Las mil formas que tengo de envenenarme se diluyen en agua cuando te veo pasar.

No dejes que me duerma, dame historias de miedo, sólo por si me vuelvo a enamorar.