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miércoles, 23 de mayo de 2012

Tu odio y el mío están metiendo en un rincón.


Guarde toda la ropa que llevaba semanas sin ser planchada de golpe en el armario. Barrí la mesa y escondí todo en cajas de zapatos. Y los zapatos debajo de la cama.
Sonreí una vez más frente al espejo de forma exagerada y deje pasar a aquel señor de gabardina.
Yo llevaba una bata de seda y un moño deshecho que aparentaba un look casual y descuidado.
Me dirigió una fría mirada de indiferencia y yo le correspondí con un kilo de dulzura.
Serví dos copas, y le ofrecí una mientras sus ojos recorrían mis piernas con un brillo de excitación.
Tras dos tragos sus manos desgarraban mi bata con furia y ardor y yo, como si de un maniquí tratara me dejaba caer hacía atrás, a suspirar cuando él dictaba y clavar las uñas en su espalda en una fingida pasión.
Y entonces cayó como si de un peso pesado se tratara.
Un “oh” escapo de mis labios mientras el dejaba escapar su vida en un tiritero aliento.
Mi corazón ni siquiera se doblo de la sorpresa, y señalo culpable en silencio al bote de arsénico guardado en un cajón.
Un Mayo vacío, un poco menos de ti, quererte tanto es lo que me ha hecho así.

jueves, 17 de mayo de 2012

Se solla con las bragas de meter corazones, de tanto sube y baja.


¿Qué si te quiero?
Yo que sé, claro que sí.
Te quiero, a mi rara manera. Con mis idas y venidas.
Te quiero porque en cierto modo me gusta echarte de menos. Me gusta que me duela esta nostalgia y sentirme un poco viva al menos.
Te quiero de una forma absurda, pero sabes bien que el género del absurdo es mi preferido. Quizá algún día leas “Esperando a Godot” y puede que me entiendas un poco mejor, o lo mismo no.
Ah, sabes que es lo que más me gusta. Nuestras miradas.
Y mira que suena cursi y tonto, pero es así.
Son furtivas, buscadas, son tristes y contenidas.
A veces es como si intentáramos decirnos todo con ellas y se nos quedara corto.
No se tú, pero por mi parte, mi estómago (porque en realidad casi nunca siento en el corazón si no que suelo sentir en el estómago) da un vuelco que enreda cada uno de mis órganos y me aturde de un sopetón.
Supongo que ya sabes todo esto, porque en realidad estamos tan hechos el uno para el otro que asusta.

viernes, 11 de mayo de 2012

La hora de las moscas.

34 moscas estampadas contra los ventanales de mi habitación.
Hace tiempo que yacen allí, y con el paso del tiempo cada vez se acumulan más y más.
Yo me limito a observarlas, un asco profundo se adueña de mí cuando pienso que tengo que despegarlas del cristal y luego limpiar de la superficie su sangre viscosa.
Escucho un pequeño estallido y casi sonrío mientras veo como otro diminuto cuerpo se une a la curiosa hermandad de Las Moscas Muertas Sobre un Cristal.
Y me da igual, por mí que se pudran y se consuman sobre la maldita superficie.
Arrancarme las uñas de los dedos, beber copas sin hielos, tatuarme el cuerpo como si fuera un camionero.
Y aún no he llegado a ser desagradable.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Nada mezclada con el humo de los bares, de nada vale si no cuenta tus lunares.

A punto de caramelo me deshago sobre tu piel.
Rozamos de forma casual y el diminuto lunar que se encuentra junto a mi ombligo se estremece mientras pequeñas chispas danzan sobre nuestros pies.
Sin darme cuenta me desnudo, y nudo tras nudo nuestras lenguas se enredan.
Mi sostén aclama tus manos con urgencia, y luego mi cuerpo se aprieta al tuyo en un desesperado intento por sentirte más cerca.
Tus manos acarician mi espalda y plaf, de improvisto otro lunar se estremece sin rechistar.
Desbocados nuestros corazones y sin más aire en los pulmones, me dedico a descansar entre tus brazos.
El humo de la droga cubre el edredón y en una calada nos volvemos a encontrar demasiado cerca.
Bocanadas de pasión y luego rompernos por la mitad.
Sobresaltar estos tejados y quizá, dejarnos llevar.