Me acordé de Hurricane Baby, y eso que desde hace cuatro once años ni me he
preocupado por ella.
Si le va bien, si le va mal... Aunque en su caso todo era relativo.
Mientras tanto, un pequeño insecto rojo correteaba sobre la mesa. Increíblemente diminuto.
De todas formas, y regresando a ella, me sentí mal al ver que había pasado el tiempo y no habíamos tenido contacto alguno. Realmente ardía de curiosidad por ver cómo era ahora. ¿La habría tratado bien el tiempo? Al fin y al cabo, la abandoné en medio de un relato que ni siquiera se llegó a desarrollar. Bastante terrible, probablemente ni ella lo mereciera, aunque, si buscáramos el momento donde todo quedó, lo más seguro que tampoco supiéramos como retomar todo.
Me la imaginaba sentada al lado de la mesa del bar, con una cerveza en la mano a medio terminar, fantaseando en cualquier otro lugar. En cualquier caso, la fantasía no deja de ser una pequeña vía de escape entre la que a veces uno se deja caer, como si de una pequeña madriguera se tratara.
Tendría la mirada hambrienta, todavía esperaría encontrar algo que hiciera la noche algo más cálida, dentro de un marzo eterno, que empezaba a acumularse en sus ojeras.
La miré de soslayo mientras me pedía una cerveza.
Quién sabe, puede que algún día, retomemos contacto.
Apenas sería una micra...