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jueves, 24 de julio de 2025

Golondrinas, quizás.

Carezco de metodología. Camino descalza para medir la temperatura del día, escucho pájaros que no sé identificar, pero si alcanzo a verlo y es amarillo, seguramente diga: "Oropéndola".  No sé más. 

Me puede la angustia ajena, y cuando eso pasa, funciono mal, como una cadena suelta en la rueda de una bicicleta. 

La madre que me parió, creo que esta tecla no la he tocado y no está bien. ¿Los treinta son tan temblorosos? Bueno, treinta, y dos. 

Vencejo que vence, golondrina que estrella. 

Una fruta al día. Dos cervezas. Siempre con cuidado para no introducir el pie, entre coche y andén. 

Alcanzo las deportivas, mientras en mi cabeza tarareo a Taylor Swift antes de salir a correr, un kilómetro, dos, tres... ese pequeño instante en el que me siento desfallecer. Aire. 

Pienso en el fallecer, ¿fallar a la vida?, ¿también? Mis pequeños sueños se tambalean y alcanzo a sujetarlos, como un acto reflejo, como si fuera esa pulsación que me arrastra un kilómetro más.  


sábado, 5 de julio de 2025

Verbena

Consumo el cigarro con calma, pero el vino con ansía, se agotan las horas de otra jornada y quizá mañana, sea igual. 

La contención se manifiesta en forma de bruxismo o de contracturas, estiro las piernas y respiro, respiro hondo. Busco el lugar donde encontrarme, donde hacerme bolita, como mi perra cuando suspira antes de dormirse. Pienso que es porque está a gusto, pero lo mismo es resignación. 

Me cuesta teclear de nuevo, pero quiero. 

Hago un pequeño check en el pasado, todo bien, todo mal. Aquí estoy al fin y al cabo. Busco en mi cerebro el pequeño espacio donde mis pensamientos se disparan, es un sitio cansado, porque explora mil posibilidades, pero me encanta porque sólo yo sé lo que está ahí dentro. Mis peores pensamientos, mis mejores ideas. 

Me deslizo un poco más y te encuentro, y pienso "ay". Me marcho con media sonrisa, que suenan las fiestas del barrio, y hoy, no hace tanto calor como ayer.  


lunes, 28 de diciembre de 2020

¿Sigues ahí? En borrador desde 2020.

Me acordé de Hurricane Baby, y eso que desde hace cuatro once años ni me he preocupado por ella. 

Si le va bien, si le va mal... Aunque en su caso todo era relativo. 

Mientras tanto, un pequeño insecto rojo correteaba sobre la mesa. Increíblemente diminuto.

De todas formas, y regresando a ella, me sentí mal al ver que había pasado el tiempo y no habíamos tenido contacto alguno. Realmente ardía de curiosidad por ver cómo era ahora. ¿La habría tratado bien el tiempo? Al fin y al cabo, la abandoné en medio de un relato que ni siquiera se llegó a desarrollar. Bastante terrible, probablemente ni ella lo mereciera, aunque, si buscáramos el momento donde todo quedó, lo más seguro que tampoco supiéramos como retomar todo.

Me la imaginaba sentada al lado de la mesa del bar, con una cerveza en la mano a medio terminar, fantaseando en cualquier otro lugar. En cualquier caso, la fantasía no deja de ser una pequeña vía de escape entre la que a veces uno se deja caer, como si de una pequeña madriguera se tratara.  

Tendría la mirada hambrienta, todavía esperaría encontrar algo que hiciera la noche algo más cálida, dentro de un marzo eterno, que empezaba a acumularse en sus ojeras. 

La miré de soslayo mientras me pedía una cerveza. 

Quién sabe, puede que algún día, retomemos contacto.

Apenas sería una micra...

jueves, 14 de agosto de 2014

Carta de despedida.

Me voy.
Y aún no sé a donde. 
La mejor forma de encontrarse a uno mismo siempre fue dejándose perder un poco sin caer del todo en la decadencia.

Un pequeño barullo de pensamientos que flotan sin orden sobre mi cabeza. 
Frases estúpidas que me inquietan por las mañanas y una mole de personas que a pesar de los empujones no me llevan a ninguna parte.

Los puntos, siempre seguidos, porque la parte más difícil cuando uno está escribiendo no es el comienzo, si no el final.
Las carencias, que magullan mi interior y hacen mella en aquellos versos de Bécquer, el primer hombre que me desquició por sus condenadas golondrinas.

Los retornos nostálgicos que me acribillan, las formas de ser que me definen y me desfiguran a la vez.
Bendecir el vino y maldecir en cada trago. 
Mis diversas formas de envenenarme mientras sobrevivo.

Y el bucle, que se aprieta contra mi pecho, y luego, se desata. 


domingo, 27 de julio de 2014

Las mudas, y de nuevo otra piel.

Apenas te recuerdo arañándome la tristeza sobre el escritorio.

Un par de versos desnutridos que descansaban en la encimera, con una gruesa capa de polvo que escondía todo aquello que fuimos.

Aquel verano en el que me helé de frío.
y la nostalgia,
que apretaba pero no ahogaba al igual que el whisky pasando por mi garganta.

La ternura nos angustiaba y el temblor del pasado, como el pulso en la abstinencia, nos derrotaba con paciencia.

Ay, mon amour, si acaso nuestros labios con la levedad de una cerilla bastarían  para prender el Louvre en un estallido del mutismo guardado.

lunes, 12 de mayo de 2014

Del absurdo querer de los domingos.

Primero un ligero temblor, que recorría lentamente vertebra por vertebra,
e irreflexibamente una espalda arqueada.

Luego las piernas sudadas, y adiós caparazón, adiós sujetador.
La copa descansaba sobre la mesilla, 
y su licor de vez en cuando salpicaba sobre la madera.
Quizá hubiera algún pensamiento, pero la obnubilación,
como una densa niebla, iba disipando cada amago de razón.
Las uñas clavaban,
los dientes mordían,
los labios buscaban un trozo de almohada donde poder ahogar los gemidos y de forma lasciva caer en el Retiro. 

Y había algo triste en aquel polvo,

y ambos, lo sabían.  

martes, 18 de marzo de 2014

Y si la prosa sale rosa, se versa.

Cuesta dejar la jarra de cerveza a medio beber. Igual que cuesta meterse en la cama con el fin de conciliar el sueño mientras aguardo que me roces los pies y luego, el alma.

Cuestan los domingos, por inercia, pero a mí me cuestan todos los días en los que no puedo estamparte un beso en la boca.
También cuestan los cigarros, cuando no van seguidos del placer de tu sonrisa y se convierten en un absurdo pasatiempo.

Cuesta, o quizá incluso duela, el carmín rojo intacto de vuelta a casa.
Las bragas perfectamente en su sitio colocadas también duelen si no es que se retuercen entre mis piernas ahogándome en el mar que sería si fueran tus dedos contando lunares.
Cuesta y escuece tu ausencia, como una combustión tardía que en lugar de calentar, quema.
Cuesta y enloquece quererte.

Pero a ellas, a las mariposas, no les cuesta revolverse en mi abdomen y guardarnos las cosquillas entre dulces tragos de vida.

lunes, 27 de enero de 2014

Tentar un rato al hastío.

A veces, nadie se da cuenta de que estás un poco rota.
A veces, hay noches que no arropan y llenan de frío el vacío de la habitación.
A veces, sostienes en un suspiro mil ríos que no llegan a desembocar.
A veces, llegan los miedos, las dudas, los “que rara eres” y Lady-Drama con una botella de vino para acompañar.
A veces, los cigarros no son suficientes para calmar la ansiedad.

Y no sé, puede que a veces, te vuelvas un poco loca y quieras ser mejor de lo que eres, y trates de entender lo que sucede a tu alrededor y te crispes cuando no entiendas y te enfades cuando pierdas. 
Y puede que de vez en cuando, necesites perder toda tu calma y encontrarte cara a cara con tu alma (si es que existe).


Por eso, a veces, son las letras las que te salvan, y sólo a veces merece la pena ahogarse para coger con más ganas el aire.

lunes, 6 de enero de 2014

Y bañate en mis ojos, que se joda el mar.

Y es que, me follas tan bien que me dejas tonta.
Trato de encajar los verbos en frases con voz ronca de tanto gemir, y las piernas mojadas temblando por el porvenir.
Por no hablar de tu cara, el verte en mi almohada arrugada de tanto apretar con mis manos las ganas, no tiene a quién envidiar.
Y el tiempo corre, pero por fortuna nosotros nos corremos más y lo arañamos.

Consigues que la más atea sea creyente y me arrodillaría una y mil veces.
Sería una novela de Shakespeare en la estantería, un libro de Bukowski sobre la encimera, un cuento de los Hermanos Grimm para dormir si me pidieras.

Te dejo irte las veces que quieras, pero no tardes amor, que funciono mejor con tontería.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Las baldosas que hay en nuestro descansillo saben lo que follamos.

Y puedo llegar a jurar, cada vez que tiemblan mis latidos.
Y el sudor, que nos empapa, parece un cómodo abrigo.
Sólo quiero tragos de vino y rosas, y maldecirte si alguna vez me hablas en prosa.
Quedan aún las marcas de tus uñas sobre mi espalda, y esos vicios tan rastreros que nos hacen perder la calma.
Guardo en mi mente los gemidos, y las formas de susurrarte para que en las noches de más frío sepa entibiarme entre las piernas.

Y esa forma de matarnos que nunca fue más dulce.