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jueves, 14 de agosto de 2014

Carta de despedida.

Me voy.
Y aún no sé a donde. 
La mejor forma de encontrarse a uno mismo siempre fue dejándose perder un poco sin caer del todo en la decadencia.

Un pequeño barullo de pensamientos que flotan sin orden sobre mi cabeza. 
Frases estúpidas que me inquietan por las mañanas y una mole de personas que a pesar de los empujones no me llevan a ninguna parte.

Los puntos, siempre seguidos, porque la parte más difícil cuando uno está escribiendo no es el comienzo, si no el final.
Las carencias, que magullan mi interior y hacen mella en aquellos versos de Bécquer, el primer hombre que me desquició por sus condenadas golondrinas.

Los retornos nostálgicos que me acribillan, las formas de ser que me definen y me desfiguran a la vez.
Bendecir el vino y maldecir en cada trago. 
Mis diversas formas de envenenarme mientras sobrevivo.

Y el bucle, que se aprieta contra mi pecho, y luego, se desata. 


1 comentario:

  1. Te entiendo, no sabes cuánto, a veces hay que huir sin rumbo para encontrarse. Dicen que lo que no se busca es lo que se encuentra, tal vez cuando de tanto correr se te olvide que andas buscando, te encuentres.

    Salud ánimo y suerte.

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