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lunes, 30 de julio de 2012

Que no hay quien pueda dormir, escuchando mi latir.


Me desquito poco a poco de los restos de arena que se escondían en los recovecos de mi piel.
Luego respiro. 
Me rodea un cúmulo de desorden que por desgracia me agrada y así es como voy coleccionando chorradas como sobres de azúcar o rotuladores sin tinta.
Amargos tragos de café que endulzan mis mañanas y si el Sol aún no me ha visto me desvisto y me encaramo al tejado para así sorprender a las ratas del cielo que anidan en el.
Maúllo dos veces, total, aquí nadie me ve y luego absorbo todos nuestros recuerdos en un granizado de limón que me hiela la sien.
Engaño a mi sastre y escapo calleja abajo, ahora nadie me entiende y quizá sea mejor así, ni yo misma sé de que hablo y no hago más que tartamudear cuando me empiezo a enamorar.
Que no, que no.
Que justo aquí le declare la guerra al amor y no será ahora cuando me rinda.
Mas dame un minuto, o quince que más da si al chocar nuestros labios es como si temblara la realidad.
El crujido de mi boca al masticar entrañas me vuelve a cautivar y me enredo en un bucle del que rara vez consigo escapar.

lunes, 9 de julio de 2012

Que me corten el gaznate si no veo que se baten mariposas a tu andar.

Rasgo el raso. Guardo las cerezas en el congelador. Las 12 y cuarto y yo aún con las bragas puestas.
Dicen que si te paras a respirar la vida te arrolla, pero a veces ese instante quizá valga la pena.
Me cansan los colores y me vuelvo en  blanco y negro. El murmullo de la radio a estas horas es acurrucador, ¿no te parece?
Me crujen los huesos de la espalda. Joder, y sólo tengo 19 primaveras. Pero... ¿esto que es?
Un cigarro a medias de consumir tirado en la calle! Me indigno. Me contengo y no lo recojo. Maldita sea.
Ahora mismo me das igual. Ya sabes, hoy toca día pasivo con mezcla de resaca.
¡Buh! ¿No te has asustado? Yo tiemblo, pero no es ni de frío ni de miedo. Cretinos poemas.
¡Ay! ¿No te conté lo de la lista de cosas por hacer, verdad? En realidad aún no la he escrito, es que se me juntan la pereza y el miedo a que haya demasiadas pocas cosas. O la certeza de que no las voy a cumplir.
Umm. Que grima me da cuando a ratos te quiero tanto. Es desesperante chico.
Estrellas. Las guardo todas en mi monedero. A veces se camuflan en forma de fotografía o tal vez de canica, o carta doblada. Pero las identificas por el brillo especial.
Magia, ¿tú ya no crees? Yo hay veces que sí, pero sólo en dragones, unicornios o extraños amuletos que traen mala suerte.
Otra capa más de pintauñas para esconder los desperfectos y todo su encanto.
Y buenas noches, quizá los sueños espanten el frío.