Rasgo el raso. Guardo las cerezas en el congelador. Las 12 y cuarto y yo aún con las bragas puestas.
Dicen que si te paras a respirar la vida te arrolla, pero a veces ese instante quizá valga la pena.
Me cansan los colores y me vuelvo en blanco y negro. El murmullo de la radio a estas horas es acurrucador, ¿no te parece?
Me crujen los huesos de la espalda. Joder, y sólo tengo 19 primaveras. Pero... ¿esto que es?
Un cigarro a medias de consumir tirado en la calle! Me indigno. Me contengo y no lo recojo. Maldita sea.
Ahora mismo me das igual. Ya sabes, hoy toca día pasivo con mezcla de resaca.
¡Buh! ¿No te has asustado? Yo tiemblo, pero no es ni de frío ni de miedo. Cretinos poemas.
¡Ay! ¿No te conté lo de la lista de cosas por hacer, verdad? En realidad aún no la he escrito, es que se me juntan la pereza y el miedo a que haya demasiadas pocas cosas. O la certeza de que no las voy a cumplir.
Umm. Que grima me da cuando a ratos te quiero tanto. Es desesperante chico.
Estrellas. Las guardo todas en mi monedero. A veces se camuflan en forma de fotografía o tal vez de canica, o carta doblada. Pero las identificas por el brillo especial.
Magia, ¿tú ya no crees? Yo hay veces que sí, pero sólo en dragones, unicornios o extraños amuletos que traen mala suerte.
Otra capa más de pintauñas para esconder los desperfectos y todo su encanto.
Y buenas noches, quizá los sueños espanten el frío.
No hay que dejar de creer en la magia...y si no la vemos alrededor, hacerla!
ResponderEliminarLos sueños espantan el frío y a los indeseables. Yo ya no le tengo miedo a que me arrolle la vida, tengo miedo a que no lo haga por eso me paro a respirar todas las veces que me hace falta, sobre todo cuando quiero olvidar a alguien, siempre me es más fácil dejarlo atrás cuando me arrastra la marea y puedo soltarlo entre el barullo.
ResponderEliminarUn abrazo.
Lo de que te crujen los huesos debe ser porque estás creciendo.
ResponderEliminarBesos.