Me desquito poco a poco de los restos
de arena que se escondían en los recovecos de mi piel.
Luego respiro.
Me rodea un cúmulo de
desorden que por desgracia me agrada y así es como voy coleccionando
chorradas como sobres de azúcar o rotuladores sin tinta.
Amargos tragos de café que endulzan
mis mañanas y si el Sol aún no me ha visto me desvisto y me
encaramo al tejado para así sorprender a las ratas del cielo que
anidan en el.
Maúllo dos veces, total, aquí nadie
me ve y luego absorbo todos nuestros recuerdos en un granizado de
limón que me hiela la sien.
Engaño a mi sastre y escapo calleja
abajo, ahora nadie me entiende y quizá sea mejor así, ni yo misma
sé de que hablo y no hago más que tartamudear cuando me empiezo a
enamorar.
Que no, que no.
Que justo aquí le declare la guerra al
amor y no será ahora cuando me rinda.
Mas dame un minuto, o quince que más
da si al chocar nuestros labios es como si temblara la realidad.
El crujido de mi boca al masticar entrañas me vuelve a cautivar y me enredo en un bucle del que rara vez consigo escapar.
Boca abierta y aplauso.
ResponderEliminarBrindemos granizados!
Besos
Genial maullido. (Quizá aullido).
ResponderEliminarGran entrada.
Un saludo.