Seguidores

martes, 14 de agosto de 2012

Suena a ruina y a coñac, suena a ganas de llorar.

Daisy siempre fue de corazones rotos. Quizá fueron las historias de escarabajos mágicos que viajaban a la Luna, o puede que la inercia que el alcohol ejercía sobre ella, pero rara era la vez en la que no se levantaba con una nueva grieta.
Ya sabéis que las malas costumbres, son las más difíciles de desechar, y por eso a sus cincuenta y tres años Daisy se pinta sus pestañas de rimel para después arrancar a llorar.
Lady Drama se susurró.
Observó como de la noche anterior sólo quedaba media botella de ginebra y unos calzones raídos. 
¡Diantres! No sería ella quién ordenara todo aquel desastre. Todo lo indecoroso se acumula en un rincón y ella se acurruca para sentirse un poco mejor.
Pero cuidado, las rimas de Becquer acechan sobre la encimera para hacer más amenos los tragos de gin-amor.

3 comentarios:

  1. El estereotipo de Daisy se vende bien caro.

    Bonita entrada.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  2. Me gustan los personajes maduros...a veces parece que todos los que sufren y viven son jóvenes, y no.

    ResponderEliminar
  3. ...diantres...jejeje, me ha gustado la palabra...un beso desde Murcia...

    ResponderEliminar