Ya sabéis que las malas costumbres, son las más difíciles de desechar, y por eso a sus cincuenta y tres años Daisy se pinta sus pestañas de rimel para después arrancar a llorar.
Lady Drama se susurró.
Observó como de la noche anterior sólo quedaba media botella de ginebra y unos calzones raídos.
¡Diantres! No sería ella quién ordenara todo aquel desastre. Todo lo indecoroso se acumula en un rincón y ella se acurruca para sentirse un poco mejor.
Pero cuidado, las rimas de Becquer acechan sobre la encimera para hacer más amenos los tragos de gin-amor.
El estereotipo de Daisy se vende bien caro.
ResponderEliminarBonita entrada.
Un saludo.
Me gustan los personajes maduros...a veces parece que todos los que sufren y viven son jóvenes, y no.
ResponderEliminar...diantres...jejeje, me ha gustado la palabra...un beso desde Murcia...
ResponderEliminar