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jueves, 14 de agosto de 2014

Carta de despedida.

Me voy.
Y aún no sé a donde. 
La mejor forma de encontrarse a uno mismo siempre fue dejándose perder un poco sin caer del todo en la decadencia.

Un pequeño barullo de pensamientos que flotan sin orden sobre mi cabeza. 
Frases estúpidas que me inquietan por las mañanas y una mole de personas que a pesar de los empujones no me llevan a ninguna parte.

Los puntos, siempre seguidos, porque la parte más difícil cuando uno está escribiendo no es el comienzo, si no el final.
Las carencias, que magullan mi interior y hacen mella en aquellos versos de Bécquer, el primer hombre que me desquició por sus condenadas golondrinas.

Los retornos nostálgicos que me acribillan, las formas de ser que me definen y me desfiguran a la vez.
Bendecir el vino y maldecir en cada trago. 
Mis diversas formas de envenenarme mientras sobrevivo.

Y el bucle, que se aprieta contra mi pecho, y luego, se desata. 


domingo, 27 de julio de 2014

Las mudas, y de nuevo otra piel.

Apenas te recuerdo arañándome la tristeza sobre el escritorio.

Un par de versos desnutridos que descansaban en la encimera, con una gruesa capa de polvo que escondía todo aquello que fuimos.

Aquel verano en el que me helé de frío.
y la nostalgia,
que apretaba pero no ahogaba al igual que el whisky pasando por mi garganta.

La ternura nos angustiaba y el temblor del pasado, como el pulso en la abstinencia, nos derrotaba con paciencia.

Ay, mon amour, si acaso nuestros labios con la levedad de una cerilla bastarían  para prender el Louvre en un estallido del mutismo guardado.

lunes, 12 de mayo de 2014

Del absurdo querer de los domingos.

Primero un ligero temblor, que recorría lentamente vertebra por vertebra,
e irreflexibamente una espalda arqueada.

Luego las piernas sudadas, y adiós caparazón, adiós sujetador.
La copa descansaba sobre la mesilla, 
y su licor de vez en cuando salpicaba sobre la madera.
Quizá hubiera algún pensamiento, pero la obnubilación,
como una densa niebla, iba disipando cada amago de razón.
Las uñas clavaban,
los dientes mordían,
los labios buscaban un trozo de almohada donde poder ahogar los gemidos y de forma lasciva caer en el Retiro. 

Y había algo triste en aquel polvo,

y ambos, lo sabían.  

martes, 18 de marzo de 2014

Y si la prosa sale rosa, se versa.

Cuesta dejar la jarra de cerveza a medio beber. Igual que cuesta meterse en la cama con el fin de conciliar el sueño mientras aguardo que me roces los pies y luego, el alma.

Cuestan los domingos, por inercia, pero a mí me cuestan todos los días en los que no puedo estamparte un beso en la boca.
También cuestan los cigarros, cuando no van seguidos del placer de tu sonrisa y se convierten en un absurdo pasatiempo.

Cuesta, o quizá incluso duela, el carmín rojo intacto de vuelta a casa.
Las bragas perfectamente en su sitio colocadas también duelen si no es que se retuercen entre mis piernas ahogándome en el mar que sería si fueran tus dedos contando lunares.
Cuesta y escuece tu ausencia, como una combustión tardía que en lugar de calentar, quema.
Cuesta y enloquece quererte.

Pero a ellas, a las mariposas, no les cuesta revolverse en mi abdomen y guardarnos las cosquillas entre dulces tragos de vida.

lunes, 27 de enero de 2014

Tentar un rato al hastío.

A veces, nadie se da cuenta de que estás un poco rota.
A veces, hay noches que no arropan y llenan de frío el vacío de la habitación.
A veces, sostienes en un suspiro mil ríos que no llegan a desembocar.
A veces, llegan los miedos, las dudas, los “que rara eres” y Lady-Drama con una botella de vino para acompañar.
A veces, los cigarros no son suficientes para calmar la ansiedad.

Y no sé, puede que a veces, te vuelvas un poco loca y quieras ser mejor de lo que eres, y trates de entender lo que sucede a tu alrededor y te crispes cuando no entiendas y te enfades cuando pierdas. 
Y puede que de vez en cuando, necesites perder toda tu calma y encontrarte cara a cara con tu alma (si es que existe).


Por eso, a veces, son las letras las que te salvan, y sólo a veces merece la pena ahogarse para coger con más ganas el aire.

lunes, 6 de enero de 2014

Y bañate en mis ojos, que se joda el mar.

Y es que, me follas tan bien que me dejas tonta.
Trato de encajar los verbos en frases con voz ronca de tanto gemir, y las piernas mojadas temblando por el porvenir.
Por no hablar de tu cara, el verte en mi almohada arrugada de tanto apretar con mis manos las ganas, no tiene a quién envidiar.
Y el tiempo corre, pero por fortuna nosotros nos corremos más y lo arañamos.

Consigues que la más atea sea creyente y me arrodillaría una y mil veces.
Sería una novela de Shakespeare en la estantería, un libro de Bukowski sobre la encimera, un cuento de los Hermanos Grimm para dormir si me pidieras.

Te dejo irte las veces que quieras, pero no tardes amor, que funciono mejor con tontería.