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domingo, 27 de julio de 2014

Las mudas, y de nuevo otra piel.

Apenas te recuerdo arañándome la tristeza sobre el escritorio.

Un par de versos desnutridos que descansaban en la encimera, con una gruesa capa de polvo que escondía todo aquello que fuimos.

Aquel verano en el que me helé de frío.
y la nostalgia,
que apretaba pero no ahogaba al igual que el whisky pasando por mi garganta.

La ternura nos angustiaba y el temblor del pasado, como el pulso en la abstinencia, nos derrotaba con paciencia.

Ay, mon amour, si acaso nuestros labios con la levedad de una cerilla bastarían  para prender el Louvre en un estallido del mutismo guardado.

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