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viernes, 1 de noviembre de 2013

Las baldosas que hay en nuestro descansillo saben lo que follamos.

Y puedo llegar a jurar, cada vez que tiemblan mis latidos.
Y el sudor, que nos empapa, parece un cómodo abrigo.
Sólo quiero tragos de vino y rosas, y maldecirte si alguna vez me hablas en prosa.
Quedan aún las marcas de tus uñas sobre mi espalda, y esos vicios tan rastreros que nos hacen perder la calma.
Guardo en mi mente los gemidos, y las formas de susurrarte para que en las noches de más frío sepa entibiarme entre las piernas.

Y esa forma de matarnos que nunca fue más dulce.

2 comentarios:

  1. Vaya con las baldosas... menudas chafarderas están hechas.

    Besos.

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  2. En cuanto te despistas salen ojos de cualquier rincón...Que guarden silencio :-)

    En la cama sólo se puede hablar en verso. Todo el mundo lo sabe (o deberían)

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