Y puedo llegar a jurar, cada vez que tiemblan mis latidos.
Y el sudor, que nos empapa, parece un cómodo abrigo.
Sólo quiero tragos de vino y rosas, y maldecirte si alguna vez me hablas en prosa.
Quedan aún las marcas de tus uñas sobre mi espalda, y esos vicios tan rastreros que nos hacen perder la calma.
Guardo en mi mente los gemidos, y las formas de susurrarte para que en las noches de más frío sepa entibiarme entre las piernas.
Y esa forma de matarnos que nunca fue más dulce.
Vaya con las baldosas... menudas chafarderas están hechas.
ResponderEliminarBesos.
En cuanto te despistas salen ojos de cualquier rincón...Que guarden silencio :-)
ResponderEliminarEn la cama sólo se puede hablar en verso. Todo el mundo lo sabe (o deberían)