Seguidores

viernes, 11 de mayo de 2012

La hora de las moscas.

34 moscas estampadas contra los ventanales de mi habitación.
Hace tiempo que yacen allí, y con el paso del tiempo cada vez se acumulan más y más.
Yo me limito a observarlas, un asco profundo se adueña de mí cuando pienso que tengo que despegarlas del cristal y luego limpiar de la superficie su sangre viscosa.
Escucho un pequeño estallido y casi sonrío mientras veo como otro diminuto cuerpo se une a la curiosa hermandad de Las Moscas Muertas Sobre un Cristal.
Y me da igual, por mí que se pudran y se consuman sobre la maldita superficie.
Arrancarme las uñas de los dedos, beber copas sin hielos, tatuarme el cuerpo como si fuera un camionero.
Y aún no he llegado a ser desagradable.

4 comentarios:

  1. A mi a veces también me invaden esas tentaciones.

    ResponderEliminar
  2. Carne Cruda.

    Gran entrada.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  3. Podrías hacerte un collar.
    O una diadema.
    O pulseras.

    Darías el golpe...

    ResponderEliminar
  4. Hay que joderse lo tontas que son, todas van a estrellarse al mismo sitio... Siendo así no entiendo como su especie se puede reproducir tanto y sigue existiendo...aunque bien pensado esta pregunta me la planteo con muchísimas especies.

    Y sí, dan un poco de mal rollo...

    Un abrazo.

    Oski.

    ResponderEliminar