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martes, 25 de junio de 2013

Maldiciendo la altura de la libertad.

Tengo demasiados abriles enquistados a la piel, demasiados recuerdos en forma de costra que  sanan a finales de Junio.
Mi demencia se agazapa debajo de la cama de la vida  para arrebatarla algún que otro gramo de cordura. Las noches de paseos atormentados por mi mente me conducen al más absoluto desespere encarnado en viejos poetas y recursos literarios.
Y es esta escritura desmecanizada  la que deja paso a un sinfín de angustias que no cesan de clavarse en mi alma. Bestias del pasado que se enjaulan en mi pecho, Uvas de la ira que se pudren entre mis manos y noches que vuelven montadas en un DeLorean para recordarme todas y cada uno de las días en los que apenas conseguía llegar viva al amanecer.

  

3 comentarios:

  1. La escritura no hiere y nos salva. Supongo que es una pequeña droga que viene a recordarnos los errores y a darles explicación.

    Cuídate.

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  2. Qué gozada encontrarse con una nueva entrada!! n-n

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  3. Y todo, después de todo, no es más que una sucesión de sensaciones hechas vivencias que nos vienen a decir que pasamos por esta realidad, simplemente para vivirla.
    :)

    ¡Besos!

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