Me han vuelto a
susurrar, y aunque ya no me asusto se guardan cinco escalofríos en
mi espalda.
No sé como
desaparecerme, pero me quedo quieta porque no sé como actuar.
Me
vuelvo a buscar, pero no sé donde excavar.
Resulta tan horrible, el
humo ahoga mis pulmones en un ataque nervioso.
Prefiero esperarte
en mi cama.
La forma de roncarte
hasta que se me parta el alma, que mis latidos están esparcidos, y
no sé, ¿qué no sé nada?
Me quito la
filosofía, y la ropa. Chasco los dedos y este estúpido juego no
funciona.
Llegan las hadas,
aunque algún que otro las confundió con garrapatas.
Las dejo
acurrucarse, cada lametazo de ellas me aleja un poco de este
infierno. Las dejo mimar esta locura, les explico que no tiene cura y
ellas rezan como idiotas.
El vino corre por
mis venas como la sangre, de hecho ya no sé diferenciar una cosa de
la otra.
Estos relojes
torturan. ¡Qué alguien los haga correr!
Por favor, una copa
para el caballero de al fondo, y un doble pestañeo que se enquista
bajo su pantalón.
No encuentro la
manera de partir este corazón.
Y es que no hay nada peor que no poder encontrarse a una misma, a su alma o a su corazón.
ResponderEliminarBesos,
V
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarEl tuyo no sé pero el de los que te leemos se desboca en latidos.
ResponderEliminarBesos.
Rebanas en dos con tus textos. Mi Cobain interior cruje. ;)
ResponderEliminar