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lunes, 8 de abril de 2013

La sonrisa despeinada de ir en contra de los vientos.


Me han vuelto a susurrar, y aunque ya no me asusto se guardan cinco escalofríos en mi espalda.
No sé como desaparecerme, pero me quedo quieta porque no sé como actuar. 
Me vuelvo a buscar, pero no sé donde excavar. 
Resulta tan horrible, el humo ahoga mis pulmones en un ataque nervioso.
Prefiero esperarte en mi cama.

La forma de roncarte hasta que se me parta el alma, que mis latidos están esparcidos, y no sé, ¿qué no sé nada?
Me quito la filosofía, y la ropa. Chasco los dedos y este estúpido juego no funciona.

Llegan las hadas, aunque algún que otro las confundió con garrapatas.
Las dejo acurrucarse, cada lametazo de ellas me aleja un poco de este infierno. Las dejo mimar esta locura, les explico que no tiene cura y ellas rezan como idiotas.

El vino corre por mis venas como la sangre, de hecho ya no sé diferenciar una cosa de la otra.
Estos relojes torturan. ¡Qué alguien los haga correr!
Por favor, una copa para el caballero de al fondo, y un doble pestañeo que se enquista bajo su pantalón.

No encuentro la manera de partir este corazón.

4 comentarios:

  1. Y es que no hay nada peor que no poder encontrarse a una misma, a su alma o a su corazón.

    Besos,

    V

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. El tuyo no sé pero el de los que te leemos se desboca en latidos.

    Besos.

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  4. Rebanas en dos con tus textos. Mi Cobain interior cruje. ;)

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