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miércoles, 28 de noviembre de 2012

En mi hambre mando yo.


Somos débiles. Una materia difusa que acaricia de forma continua el caos y el desorden.
Trepamos por una enredadera por mera curiosidad y al llegar arriba esculpimos un retrato que nos haga recordar.
Intentamos dejar algo que nos perpetué.
Aunque sólo sea un verso, o una pincelada, o un acorde o una marcha desviada.

Nos volvemos corrompibles.
Sacuden el saco de monedas que tintinean frente a nosotros y nos convertimos en algo frío e insensible.
Nos callamos las verdades por no ofender o por ahorrar disgustos y seguimos masticando hipocresía.
Ni mejores ni peores. Estamos tan condenados a nuestras circunstancias que nos ahogamos entre tanta sociedad. Suciedad.
Nos condenamos a un amor masticado. Un amor que se masturba cada vez que le damos de lado.
Se queda en mi garganta el sabor amargo de la derrota y tres mil quinientas centellas mal brilladas.

Me intento evadir, y ya no queda nada de mí, ni de ti, ni del cúmulo de cosas por las que me pueda arrepentir.
Nos perdemos, con el humo de la calle, con los gritos de la gente...

6 comentarios:

  1. A día de hoy sociedad. suciedad, nos condiciona pero hay cosas y personas que nos hacen poco más libres. Talvez ese amor masticado es el que a mi me hace libre. Un beso nena.

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  2. Creo que tus palabras no conocen de lugar... por estos espacios se respira más o menos lo mismo...

    "Nos volvemos corrompibles". He sido experimento de ello. Tampoco me pesa demasiado, quizá porque he estado viviendo distraído...

    O quizá todo se sintió más intenso respirando a Snow Patrol...

    De cualquier manera me gustó estar por aquí.

    ¡Saludos!

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  3. Hoy has estado magnífica.
    Veo lo que tú ves.
    Exacto.

    Besos.

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  4. Pero siempre nos quedará la rebeldía, como escribía Benedetti para decirle NO a todas estas cosas que ahogan y matan.

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