Ha irrumpido el frío en la calle Desespere. Tan de golpe que
han fallecido congeladas en el tiempo las ilusiones de los cuatro gatos
disfrazados de Jueves que realizaban un periplo con escala en cada esquina.
Sidonie se resquebraja con la llegada de cada noviembre. Se deja
amar entre la humedad de sus calles.
Deja que sea un calabobos el que lubrique sutil, su pétreos pechos de villamayor.
Se ve comsumida por las penas que se anudan a su pelo de ébano, enmarañado de rendirles cuentas una y otra vez a la distancia. Condenada a ceder su corazón mellado a perfectos desconocidos. Condenada a hacer a sus sentimientos bregar contra unos recuerdos demasiado cobardes como para olvidarle. Matando a polvos las ausencias que se apilan sobre su edredón. Arrancando dolorosamente sus flores del mal.
Se ve comsumida por las penas que se anudan a su pelo de ébano, enmarañado de rendirles cuentas una y otra vez a la distancia. Condenada a ceder su corazón mellado a perfectos desconocidos. Condenada a hacer a sus sentimientos bregar contra unos recuerdos demasiado cobardes como para olvidarle. Matando a polvos las ausencias que se apilan sobre su edredón. Arrancando dolorosamente sus flores del mal.
Sidonie se retuerce entre nauseas, acaba de darse una
atracón a comer tequieros aliñados con silencios telefónicos empapados. Y
ahora, las mariposas envejecidas de su estómago, pesan demasiado para alzar el
vuelo de nuevo.
"Y ahora, las mariposas envejecidas de su estómago, pesan demasiado para alzar el vuelo de nuevo" Es un puto broche final. Cada frase me hacia imaginarme a Sidonie con tanta exactitud que puedo verla retorcerse. Tenia tantas ganas de leelos a las dos. Un besazo guapa.
ResponderEliminarPD: Tengo por fin internet en casa. He vuelto para quedarme:D