Estabas esperando a la chica mala.
La de sonrisas descuidadas y colmillos
afilados.
Buscabas una con pantys desgastados y aquel
día ella apareció con leotardos* estampados de flores.
La viste saltar sin botas de agua sobre
un charco y se convirtió en una víctima perfecta.
Casi casi. Y así se llenaban las
noches.
Entre poesía entre sus labios y
margaritas deshechas entre su pelo cobrizo que se pudrían cuando las
rozabas con fatídicas caricias.
Porque podríais resbalar una vez e
incluso quizá dos y romperos las correspondientes crismas, pero tres
iban a ser demasiadas y no estabais hechos para soportar tanto amor.
Así que por si acaso, fui yo quien
mato a las dudas y llene este cuarto de brumas.
Medias de rejilla, cigarro en boquilla,
huellas rojas sobre el cuello.
Mucho de lluvia, de tacones y femme
fatale para dormir.
Pesadillas decoradas con satén y
encaje. Y me puedes llegar a odiar o querer, porque el resultado va
a ser igual. Enloquecer y tirar. Un salto hacía aquello que de
verdad nos aterra.
Guardar las noches entre luces de neón
y raaas rasguido de bragueta
por revolución.
El sube y baja del ascensor. Calor.
Estoy segura de que así os irá mucho mejor.
*Lo tuve que corregir porque para variar puse leopardos, aunque en realidad...
Si los leopardos están muertos no pasaría nada.
ResponderEliminarY desde luego llamaría la atención.
Besos.
La femme fatale tiene sus tacones hechos con poesía.
ResponderEliminarCuando el final esta escrito, da igual de lo que nos disfracemos. El resultado siempre es el mismo. Un besazo guapa.
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