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martes, 13 de noviembre de 2012

Latido jondo, más hondo que un mar de hiel.


Estabas esperando a la chica mala.
La de sonrisas descuidadas y colmillos afilados.
Buscabas una con pantys desgastados y aquel día ella apareció con leotardos* estampados de flores.
La viste saltar sin botas de agua sobre un charco y se convirtió en una víctima perfecta.
Casi casi. Y así se llenaban las noches.
Entre poesía entre sus labios y margaritas deshechas entre su pelo cobrizo que se pudrían cuando las rozabas con fatídicas caricias.
Porque podríais resbalar una vez e incluso quizá dos y romperos las correspondientes crismas, pero tres iban a ser demasiadas y no estabais hechos para soportar tanto amor.
Así que por si acaso, fui yo quien mato a las dudas y llene este cuarto de brumas.
Medias de rejilla, cigarro en boquilla, huellas rojas sobre el cuello.
Mucho de lluvia, de tacones y femme fatale para dormir.
Pesadillas decoradas con satén y encaje. Y me puedes llegar a odiar o querer, porque el resultado va a ser igual. Enloquecer y tirar. Un salto hacía aquello que de verdad nos aterra.
Guardar las noches entre luces de neón y raaas rasguido de bragueta por revolución.
El sube y baja del ascensor. Calor.
Estoy segura de que así os irá mucho mejor.


*Lo tuve que corregir porque para variar puse leopardos, aunque en realidad...

3 comentarios:

  1. Si los leopardos están muertos no pasaría nada.
    Y desde luego llamaría la atención.

    Besos.

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  2. La femme fatale tiene sus tacones hechos con poesía.

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  3. Cuando el final esta escrito, da igual de lo que nos disfracemos. El resultado siempre es el mismo. Un besazo guapa.

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