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domingo, 9 de diciembre de 2012

Y cuando digan que en este remanso el dolor no se durmió, será mentira.



El recuerdo latente de la pelirroja de la primera fila escocía en el pecho y dolía bajo  el pantalón. Cigarros  que espantaban dudas y canciones que inducían a la locura. Demasiados tequilas. Demasiados corazones rotos.  Sus lenguas no se conocían, ni siquiera se comprendían. Podrían culpar al frío condensado en los escaparates y a los maniquíes, mudos testigos de sus desdichas. Sin embargo, cada uno de los peldaños que escalaban se deshacían a su paso y unos ojos de gata enloquecían por momentos. Verde que te quiero verde y un sujetador sin dueño se clavó en el suelo.  Su pelo de viejo rockero reposaba sobre sus pechos de pequeña musa torturada por los años. Sus labios de fugitiva sin dueño daban un repaso a su cuerpo de poetastro de los suburbios. Fundirse en embestidas salvajes sonaba delicioso aquella catastrófica noche de diciembre. Consumirse en placeres prohibidos. Sucumbir, por fin ,al amor de estraperlo.

4 comentarios:

  1. "Consumirse en placeres prohibidos" ...n-n (Abrazar)

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  2. Y a la mañana siguiente mirarse en el espejo y bajar la cabeza...

    Besos.

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  3. (con ganas de saber más sobre la pelirroja me he quedado yo ahora).

    muá.

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  4. Las pelirrojas siempre dan dolor de cabeza, pero creo que son las más buenas en la cama. Intuición jaja.

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