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sábado, 22 de septiembre de 2012

Y comernos el amanecer lo que quieran las manos.

A medida que las copas se desgastan, dos veranos perdidos forcejean con el recuerdo vago de losimposibles que se consumen en un cenicero.

El dolor, en esta noche de retorno a un pasado despojado de inocencia, nos atenaza, se nos hunde en el costado, Y acaba por reducirnos a escombros.
Una promesa, envuelta entre las telas de tu propia mentira, sobrevuela intacta e imperecedera nuestras desconchadas  almas.
Se posa sobre tu lengua, Hábil encargada de tomar la iniciativa y mostrarme  los hematomas de mi ausencia. Ella, que conoce cada recoveco del cuerpo de la maldita Distancia y que se ve en la tesitura
de tener que doblegar a un corazón que bombea a cientos de kilómetros de  distancia y que herido, tan sólo espera un ápice de calor.

En esta noche estival con tintes invernales, puedes ver a mi Soledad repiqueteando sobre tu espalda. Y a la tuya, que ha dejado de sentirse tan sola, trajinando a degüello junto a la mía.

3 comentarios:

  1. Es tan evocador eso de comerse el amanecer con las manos...n-n

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  2. "mostrarme los hematomas de mi ausencia"...esas noches son las mejores, es cuando nos descubrimos desnudos de verdad, no sin ropa...sino desnudos.
    Un abrazo inmenso!!!
    Siempre salgo de aquí con el corazón hecho un nudo!!! :)

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  3. Es desolador que no exista antídoto alguno para el dolor de la distancia...

    Un abrazo!

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