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domingo, 12 de febrero de 2012

Y sobra el yo te quiero, y yo también.

Que el Otoño se desnude y tú te pongas la ropa, es lo que yo llamo Invierno.
Y tras tu estampido, el primer soplo de aire frío se queda esperándome en el alféizar.
Me revuelvo como un gusano entre las sábanas de lino y caigo al suelo cual manzana roída.
Apenas me atrevo a echarte de menos, porque derramar el alcohol sobre mis heridas, aunque ya no duela, sigue escociendo.
Y no nos vamos a engañar, porque es obvio que cuando nos encontremos a los dos se nos va a retorcer algo en nuestro interior. (Es un voraz monstruo de galletas)
Que da lo mismo y ya lo sé, que eso del querer es algo que a mí me desgasta y que ni sé.
Morderme el labio inferior, teñirlo de rojo,
hacerte un hueco en mi colchón y echar el cerrojo.
Y tú sabes que siempre volveré, con la estúpida excusa de pedirte un cigarro que luego aplastaré con mis pies.
Que de marzo a agosto podemos consumir nuestros cuerpos el uno junto al otro y ya en septiembre si eso, nos hacemos un poco más de daño para que diciembre no nos pille sin nuestro ruin encanto.
Y es que, Querido, nosotros somos de esos extraños seres que no nacimos para anhelar besos bajo la luz de la Luna.

6 comentarios:

  1. Vencer el tiempo que nos alimenta.
    Realmente bello.
    Magnífica entrada.
    Un saludo.

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  2. Yo creo que he aprendido a dejar de echar de menos... en verdad no sé.

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  3. Estás condenada de por vida.
    Es bonito.
    Y trágico.

    Besos.

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  4. Cuando las cosquillas en el alma se tornan en pinchazos... no tienen razón de echarse de menos, o si?
    Como siempre, mi aplauso.
    Besos

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  5. He de confesarte que la última oración me ha fascinado.
    Amar siempre desgasta a lo largo del tiempo.

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  6. Pero que el invierno también deje nuevos espacios para la llegada de otra estación, aunque no haya lunas.

    Saludos:

    V

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